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Fíjate
en la manera maravillosa en la que Dios comenzó a abrir esta ciudad. Pablo y
Bernabé no tenían ni idea de lo que iban a hacer. No formaron un comité y
dijeron: “Bueno, vamos a ver si podemos conseguir el informe de la cámara de
comercio sobre la distribución de la población de la ciudad; entonces podemos
dividirla en cuadrados y evangelizarla de forma sistemática”. No tenían
ningún otro plan más que el estar ahí y el hacer lo que Dios les había
mandado a hacer: predicar. Así que anduvieron al mercado y comenzaron,
confiando que el Señor había preparado a ciertas personas, que tenía gente
que había elegido lista para abrir la puerta a la ciudad.
Al
proclamar el evangelio, eso es lo que ocurrió. Al estar Pablo predicando
―probablemente durante varios días seguidos― sentado en el mercado había un
hombre que había sido cojo de nacimiento, que nunca había caminado.
Evidentemente era bien conocido a través de la ciudad, habiendo estado allí
toda su vida. Oyó lo que Pablo dijo y creyó lo que declaró sobre el poder de
Jesús, el poderoso Hijo de Dios. Pablo le miró y vio en los ojos de este
hombre la fe para creer. De pronto, sin duda guiado por el Espíritu, le dijo:
“¡Levántate derecho sobre tus pies!”. Y el hombre cojo, aunque nunca había
andado en su vida, hizo el esfuerzo de obedecer. Tenía bastante fe como para
intentarlo, y el momento que empezó a obedecer, el poder para obedecer le fue
dado.
Esta
es exactamente la forma en la que la vida cristiana funciona. No hace ninguna
diferencia si el problema es físico, emocional o espiritual; vas a ser
mantenido en su cautiverio hasta que comiences a obedecer la Palabra de Dios
sobre ello. Cuando haces el esfuerzo de obedecer, Dios te libertará. Pero
nunca te moverá hasta que obedezcas. Es así como funciona la fe. La mayoría
de la gente es prevenida de ver cómo Dios obra en sus vidas porque continúan
esperando que Dios haga algo para que puedan creer. No, Él ya ha hecho todo
lo que va a hacer por adelantado. Cuando crees lo que Él dice, entonces te
dará el poder para ser libre. Este milagro es una poderosa parábola de los
muchos que han sido espiritualmente cojos, incapaces de dar un paso hacia
Dios, pero quienes han sido liberados para hacerlo por el evangelio. Abrió la
cuidad de cuajo. Toda la población inmediatamente tomó nota de Pablo y
Bernabé en medio de ellos.
Padre,
como los apóstoles, ayúdame a confiar en el Dios viviente, quien está
cambiando el corazón de la gente y rescatando sus mentes del agarre y el
poder del maligno. Ayúdame a regocijarme al ver yo también el poder de la
obediencia a la Palabra de Dios en mi propia vida.
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